Xiomara Castro, la primera mujer presidenta de Honduras, es un espejo para EE.UU. y América Latina

Xiomara Castro agradece a sus seguidores tras las elecciones generales, en Tegucigalpa, Honduras, el 28 de noviembre de 2021.
(Associated Press)

ContigoNews.com enero 27, 2022

Internacional. – La historia de Honduras tiene una parteaguas. La llegada al poder de Xiomara Castro marca un antes y un después. Ella no solo se ha convertido en la primera mujer presidenta de esta nación centroamericana, sino que también es un espejo para el continente en donde todavía hay muchas naciones que no han roto con el control masculino.

Lo que ha ocurrido en territorio hondureño era algo impensable para Antonia Castro, una oriunda del departamento de Atlántida, que salió de su natal Tela en 1986 para establecerse en Los Ángeles, debido a la falta de fuentes de trabajo y pobreza, pero también debido a la marginación de las comunidades garífunas y al machismo enquistado en la sociedad.

“Nunca me lo imaginé que iba a haber una mujer que por primera vez sería presidenta”, dice Castro, de 60 años, con gran emoción por la esperanza que representa la nueva Jefa de Estado que contó con 1.7 millones de votos (51.12%), superando por más de 476 mil sufragios al candidato del oficialismo, Nasry Asfura, quien junto al Partido Nacional obtuvo 1.2 millones de votos (36.9%).

“En nuestro país hay mucho machismo”, reconoce la inmigrante residente en el sur de Los Ángeles, por eso asegura que la presidenta Castro, postulada por el Partido Libertad y Refundación (LIBRE), representa “un empoderamiento para esas jovencitas o adolescentes; van a mirar que se puede soñar, al ver a esta presidenta gobernando un país”.

El triunfo que ahora celebran las mujeres en Honduras, resultado de muchos años de lucha, es el camino que otras naciones del continente han emprendido, pero los frutos se han visto solamente en un puñado de países, otros como Estados Unidos, México, Guatemala, El Salvador, Perú, Colombia, Venezuela, Uruguay y Paraguay, es un desafío pendiente.

“En la historia global ha habido una tendencia muy machista, las presidentas mujeres recién han empezado a surgir; en Estados Unidos no tenemos una presidenta mujer”, cuestiona Milagros Lizárraga, activista peruana quien destaca que en su nación de origen la administración de la cosa pública sigue estando en manos de hombres.

En al menos tres oportunidades, la derechista Keiko Fujimori ha llegado a la segunda ronda electoral en Perú, pero al estar marcada por el lastre de su padre, el exmandatario Alberto Fujimori, no ha logrado llegar a la presidencia. Otra mujer que ha destacado es Verónika Mendoza, pero igual se ha quedado en el camino.

“El acceder a un puesto debería ser por la capacidad, el equipo de trabajo y todo lo que uno trae, independientemente del género que sea, pero todos debemos tener las oportunidades para competir de igual a igual”, agregó Lizárraga, asegurando que la resistencia para que las mujeres lleguen al poder “es una cuestión mundial”.

En el continente americano, el primer antecedente femenino se registró en Argentina, en 1973. Ahí fue electa vicepresidenta María Estela Martínez de Perón, quien se convirtió en presidenta de esa nación el 1 de julio de 1974 al morir su esposo, el presidente Juan Domingo Perón. El mandato de María Estela culminó el 24 de marzo de 1976 producto de un golpe de estado.

En esa misma época, Lidia Gueiler Tejada llegó a la presidencia de Bolivia de forma interina. El Congreso de esa nación la nombró en el cargo el 16 de noviembre de 1979. A raíz de un golpe de estado, salió del poder el 17 de julio de 1980.

En naciones centroamericanas se ha podido ver como las mujeres han roto con el dominio masculino. En 1990, Violeta Chamarro llegó a la presidencia en Nicaragua, luego hizo lo mismo Mireya Moscoso en Panamá (1999) y Laura Chinchilla en Costa Rica (2010).

“El hecho de que un país como Costa Rica haya tenido a una mujer presidenta es un avance en la educación de nuestra sociedad”, aseguró Mabel Segura, cónsul general de Costa Rica en Los Ángeles, destacando que desde hace mucho tiempo en esa nación se viene trabajando en la paridad de género en el Congreso y en los nombramientos del gabinete.

“Todos debemos ser contados de la misma forma y se deben dar oportunidades que podamos individualmente aprovechar desde nuestras propias perspectivas”, agregó Segura, subrayando que en la actualidad cuentan con una mujer vicepresidenta, Epsy Campbell Barr. Al principio del presente mandato presidencial, en 2018, ella fue también la ministra de relaciones exteriores.

Entretanto, en Ecuador fue electa y fungió como vicepresidenta Rosalía Arteaga Serrano, entre el 10 de agosto de 1996 y el 6 de febrero de 1997. Luego, al ser destituido el presidente Abdalá Bucaram, Arteaga fue proclamada jefa de Estado por el Congreso de esa nación, el 9 de febrero de 1997. Su mandato duró tan solo dos días.

La huella de mujeres en el poder también ha sido palpable en Chile, en donde Michelle Bachelet asumió la presidencia durante dos mandatos (2006-2010 y 2014-2018), al igual que en Argentina con Cristina Fernández (2007-2015) y en Brasil con Dilma Rousseff (2011-2016).

En el caso de Honduras, asegura la historiadora Suyapa Portillo, la lucha de las mujeres a nivel internacional es lo que ha permitido que Xiomara Castro llegue a la presidencia, porque ella se ha apoyado en los movimientos sociales en donde están representadas las mujeres.

“El hecho de que Xiomara haya ganado es parte de las luchas de las mujeres de la segunda mitad del Siglo XX. Han habido muchas mujeres que han luchado no solo por el derecho al sufragio, también por los derechos humanos y por terminar el patriarcado”, apuntó Portillo, profesora de Pitzer College.

Debido al trasfondo reciente de Honduras, la investigadora considera que Castro representa una esperanza no solo para las mujeres, sino también para la clase trabajadora, los sindicatos, los campesinos y las comunidades garífunas, entre otros sectores que han estado marginados en los últimos 12 años.

“Ella llega a la presidencia a base del poder popular”, sintetiza la académica de origen hondureño.

“Es un momento muy importante, histórico, no solo porque es la primera mujer, mujer izquierdista, pero también porque es el fin al bipartidismo que se ha visto estos últimos 110 años en el país, es un fin a las oligarquías”, señaló Portillo, asegurando que se abren oportunidades para que los movimientos sociales se puedan ver representados en el nuevo gobierno.

A juicio de Celia Lacayo, socióloga de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), los antecedentes de América Latina son lecciones para Estados Unidos, nación que pregona la democracia y los derechos humanos, pero que la silla presidencial en la Casa Blanca todavía no ha sido ocupada por una mujer.

La que más cerca estuvo de ocupar la Oficina Oval fue Hillary Clinton. En el 2016 fue la primera mujer nominada candidata presidencial por uno de los partidos mayoritarios, quien luego fue derrotada por Donald Trump. Entretanto, la actual vicepresidenta estadounidense, Kamala Harris, se convirtió en el 2021 en la primera mujer en ese cargo.

En el mundo global, asegura Lacayo, las naciones latinoamericanas son calificadas como “países del tercer mundo” y a Estados Unidos se le ve como el ejemplo del avance democrático; sin embargo, la experta sostiene que esa definición dista de la realidad “y un ejemplo es que Estados Unidos no ha tenido una presidenta mujer”.

La socióloga Lacayo manifiesta que cuando se da la paridad de género a este nivel no solo se rompe con la cultura machista, sino que se abren las oportunidades para que las nuevas generaciones de mujeres aspiren a posiciones que antes estaban destinadas para los hombres nada más.

“Quiere decir que niñas y mujeres jóvenes ahora pueden asumir ese tipo de posiciones y no solamente en política; las mujeres empiezan a ver a otras mujeres asumir estos roles de liderazgo como son doctoras, profesoras y, en este caso, presidente”, apuntó la experta.

“Cuando la mujer tiene más oportunidades para asumir esos tipos de trabajos traen diferentes ideas y experiencias, y lo que vemos muchas veces es que esas experiencias, esas perspectivas, esas opiniones, muchas veces son mejores que las del pasado, porque este es un grupo que ha estado oprimido o marginado”, concluyó Lacayo.

Los Angeles Times

 

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