Las microagresiones, el racismo sutil que es tan dañino como la brutalidad policial

Una niña lleva puesto un tapabocas con la frase pronunciada por George Floyd mientras moría. Crédito: Frank Augstein/AP

ContigoNews.com junio 14, 2020

Estados Unidos. – Un taxista que no toma como pasajero a un hombre negro; una mujer blanca que se aferra a su bolso cuando un hombre negro se aproxima; una persona blanca que no se resiste a tocar el cabello rizado de un niño negro: son algunos ejemplos de micro-racismos, comportamientos racistas que ocurren de manera sutil pero insidiosa. El caso de George Floyd ha vuelto a poner sobre la mesa su prevalencia en EEUU.

El joven médico Samuel Kebede narra en este reciente hilo de Twitter una serie de incidentes habituales en su vida cotidiana y no por ello menos perturbadores: Kebede entra en la habitación para visitar a un paciente y le preguntan si llega para vaciar la basura; el doctor entra en una sala de operaciones y dos médicos residentes le indican que ya se ha limpiado la habitación; un paciente le dice que está dando “buen ejemplo” porque otras personas negras son “perezosas”. Y así.

Los micro-racismos o microagresiones pueden pasar desapercibidos, pero no por ello resultan menos denigrantes para quienes los reciben. El poder acumulativo de los prejuicios puede tener consecuencias a largo plazo en muchas facetas de la vida. A modo de ejemplo, numerosos estudios indican que, cuando una persona negra escucha repetidamente que es menos lista por su color de piel, termina obteniendo peores resultados académicos y en pruebas relacionadas con la inteligencia.

De lo macro a lo micro

¿Tiene sentido dar importancia a micro-racismos como los que relata el médico Kebede frente a la gravedad de lo ocurrido con George Floyd y otras personas que han perdido la vida o han sufrido graves daños víctimas de abusos raciales?

Por supuesto. Expertos como Derald Wing Sue, profesor de psicología y educación en la Universidad de Columbia especializado en el estudio de las microagresiones, indican que casi todos deberíamos observarnos a nosotros mismos, porque la mayoría no somos inmunes a los prejuicios raciales heredados de nuestros ancestros y nuestra sociedad.

De acuerdo con este y otros expertos, los sesgos y prejuicios se presentan de forma continua e implican a gran parte de la población estadounidense.

A diferencia de las macro-agresiones, penadas por ley en su mayoría (o a eso aspiramos), los micro-racismos a menudo se escapan del radar de nuestra consciencia. Ni siquiera somos conscientes de que nuestros comportamientos transmiten esos prejuicios raciales o de otro tipo (homofóbicos o sexistas, por ejemplo), y hacen daño al prójimo.

«¿Es tu cabello real?», es una pregunta que las mujeres negras tienen que escuchar con mucha más frecuencia de lo que les gustaría.

“Parece vello púbico”

Tocar el cabello de un niño o no digamos de una mujer adulta es una invasión del espacio personal, entre otras cosas, pero parece ser irresistible para algunas personas blancas, como escribe Hlonipha Mokoena, profesora del Wits Institute para la investigación social y económica.

“’Parece vello púbico’ fue uno de los primeros insultos que recibí por mi pelo. Me lo dijo una estudiante de mi colegio que me tocaba el pelo y les repetía esa misma frase a todos los demás, hasta que llegó un punto en el que tuve que amenazarla físicamente para que dejara de tocármelo y compararlo con su pubis”, escribe.

“Este es uno de los primeros dilemas a los que nos enfrentamos las personas negras: ¿debería dejar que la gente me tocara el pelo? Si es así, ¿n qué circunstancias? La pregunta ‘¿puedo tocarlo?’ se convierte en uno de los momentos sociales más incómodos y puede llegar a romper relaciones incluso antes de que empiecen. Esta fascinación por la textura del pelo de los negros (por favor, no lo llamen “étnico”) no es nada nueva ya que, en las sociedades esclavistas, algunas mujeres blancas les cortaban el pelo a sus esclavas porque, decían, ‘confundía a los hombres blancos’”. UNIVISION

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